Arxivat per a febrer, 2010

Del Game of Life a las castas de innovación

No sé si alguna vez habéis jugado al “Game of life“, un inocente experimento con mucha teoría sobre autoorganización detrás. Se trata de un juego creado por John Conway, y con el que os podéis pasar horas probando nuevas figuras de condiciones iniciales. Hace tiempo hablé sobre esto en un post escrito a altas horas de la noche.

Las reglas del juego no pueden ser más simples

For a space that is ‘populated’:
Each cell with one or no neighbors dies, as if by loneliness.
Each cell with four or more neighbors dies, as if by overpopulation.
Each cell with two or three neighbors survives.
For a space that is ‘empty’ or ‘unpopulated’
Each cell with three neighbors becomes populated.

(Un inciso: si os sobra tiempo, os recomiendo este  libro que leí hace unos años “Complexity: the emerging science at the edge of Order and Chaos” de M. Mitchell Waldrop que me sedujo tanto por el contenido como por el estilo de redacción. Nos describe los inicios del Santa Fe Institute y de la ciencias de los sistemas complejos y la autoorganización, y del Game of Life).

De vuelta. Si jugáis un poco veréis que dependiendo de las condiciones iniciales (las figuras) aparecen modos estacionarios, otros en los que el “alien” creado se mueve, otros en los que crece y explota… y si en alguno de ellos introducís un elemento extraño (podéis hacerlo clicando en uno de los píxels) veréis que el comportamiento es totalmente diferente.

Pues bien, hablando en términos de ecosistemas de innovación. Qué configuración sería la óptima para conseguir que el ecosistema se desarrolle? Por qué la introducción de un nuevo elemento en una configuración determinada de un cluster (por ejemplo una agencia de innovación local o una subvención) hace que una región se vuelva dinámica y en otros casos sea un fracaso total? Qué relación tiene esto con las organizaciones que aprenden? Y con la autoorganización?

En los próximos posts intentaré buscar referencias sobre el tema y reflexionar sobre el mismo. Hay bastante escrito sobre la difusión de las innovaciones, pero lo que a mi me interesa particularmente es por qué cuando un centro de investigación de excelencia se “planta” en una región su efecto sobre la misma es nulo o inapreciable.

Existe alguna manera de  conseguir que la pyme local que en general sigue un modelo de innovación “de perfil bajo” consiga acceder al conocimiento de las mentes brillantes del centro de investigación que genera publicaciones y conocimiento estructurado, codificado y reconocido en los indicadores “oficiales”? Será verdad que simplemente se trata de que hablan lenguajes diferentes tal y como siempre se dice de la relación universidad-empresa? En este caso la figura de un traductor o traductora sería suficiente, pero la realidad es tozuda, y la transferencia de conocimiento entre unos y otros sigue sin funcionar.

No será que en realidad se trata de un problema de castas de innovación? Donde antes primaba el capital y dimensión para clasificar a una organización ahora se considera la calidad de su conocimiento estructurado? Y el conocimiento que atesora el pobre barbero de mi pueblo, cómo se puede codificar y medir?

Complexity: Life at the Edge of Chaos

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El primer Sindicato del conocimiento (fuente Wikipedia 2012).

Érase una vez una civilización que vivía tranquila y apacible en una región del mediterráneo. Cada cambio en el entorno – la llegada de personas con costumbres diferentes, la introducción del calabacín, la liberalización del mercado de conocimiento mediante la imprenta- requería un tiempo de adaptación la duración del cual era inversamente proporcional a la violencia física o económica utilizada para introducirlo. La innovación era la excepción en una escala temporal de 40 años de vida. Con suerte aparecían una o dos novedades durante una generación, y era sencillo asimilarlas. Estas innovaciones nacían vinculadas a la figura de la persona emprendedora, que se convertía en microempresaria.

Con la llegada de revolución industrial el panorama empezó a cambiar. El mercado empezó a inundarse de nuevos productos y el consumo desenfrenado se convirtió con los años en el motor de la economía. Las innovaciones ya no podían producirse con una cadencia de 40 años, era necesario ilusionar y satisfacer al consumidor con nuevos productos y servicios para que siguiese consumiendo. Se separó también el capital de la economía productiva, en una peligrosa espiral especulativa.

De la personal excéntrica que tenía una idea y creaba un pequeño negocio se pasó a la empresa industrial que fabricaba productos y que se apoyaba en el sistema de propiedad industrial para garantizar su monopolio. Estas empresas tenían departamentos de “I+D” que ideaban nuevos productos, departamentos que crecían y crecían sin mesura. Pero el ritmo de la demanda de innovaciones de la sociedad que habían creado era tal que pronto no tuvieron suficiente con la capacidad creativa de la empresa y nacieron consultoras “especialistas en creatividad”, en la creación de tendencias, y hasta las propias universidades se aprestaban a participar gustosas del juego,….

Pero todavía no había suficientes ideas. A diferencia de la colocación de tornillos, los directivos no podían forzar la generación de ideas. Cuanto más estrés se inyectaba al sistema, menor era la productividad creativa. Grandes empresas proporcionaban tiempo libre y entorno relajados a sus empleados para que pensasen e ideasen, con el ánimo de extraer de ellos la máxima productividad creativa, y los empleados se sentían felices. Otras empresas -impulsados por la adminstración- apostaron por la sistematización del “proceso de innovación” en sus organizaciones, creyendo que así se incrementaría el ritmo de producción de ideas como si de Ford T se tratara.

Con la incorporación de los BRIC a la sociedad de consumo las grandes corporaciones vieron que no tenían suficiente con esta nueva metodología. Entonces atacaron en tres frentes para conseguir que el mundo entero fuese fuente de creatividad trabajando para ellas. La inspiración llegó de unas comunidades que se habían creado para desarrollar plataformas de software libre por amor al arte y de algunos periódicos que habrían sus ediciones a colaboradores altruistas y entusiatas.

El primer frente estratégico fue la creación de plataformas de captación de ideas como Innocentive para disponer de mayor mano de obra creativa con el menor coste posible. Sólo pagaban al que solucionaba el problema, pero tenían acceso a miles de cabezas pensantes -muchas de ellas personal vinculado a universidades y pagado por la administración- trabajando para ellos sin ningún tipo de cobertura legal.

El segundo frente fue el lanzamiento de una nueva metodología llamada Open Innovation que sistemáticamente convencía a empresas y a administraciones de las maravillas de esta nueva innovación cooperativa, de las ventajas que conllevaba para toda la sociedad. Una pléyade de pequeñas consultoras se apuntaron a la moda en todo el mundo, intentando abrir nuevos mercados que sustituyesen a la ya raíday caída en desgracia “gestión de la innovación”.

El tercer frente fue el desarrollo de la tecnología de las redes sociales que promocionaban como una distracción para adolescentes, trabajadores futuros que crecerían en un nuevo entorno hiperconectado e hipercreativo. Nadie lo veía, pero las mismas empresas que habían optado por sistemas de estimulación de la creatividad estaban detrás de estas plataformas, y su objetivo no era sólo tener acceso a más mentes creativas, sino que directamente tenían acceso mediante la Cloud a todo aquello que pensaban o desarrollaban sin tener que pagar por ello.

El final de la historia fue la clásica autoregulación de los sistemas dinámicos mediante el efecto mariposa. Fue la postura de empecinamiento de una ministra del país mediterráneo origen de esta historia la que abrió los ojos a muchas personas sobre la realidad de la sociedad del conocimiento que nos vendían. De la explotación de la mano de obra se había pasado a la explotación de la capacidad creativa de las personas, último bastión de su personalidad.  En el año 2012 se creó el primer Sindicato del Conocimiento, cuyo líder destacado durante muchos años fue un acérrimo opositor a la campaña de la ilustre ministra.

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Vender el alma al diablo, reinventarse o morir

Un año más me han invitado a participar en el seminario sobre Organizaciones Sostenibles de la UPC que forma parte del máster de sostenibilidad impartido por esta universidad. Ya comenté en este post el caso de Teixidors, y en este el caso de  Trèvol como ejemplo de empresas con alma, o transformadoras. Empresas que nacen de la visión y el empecinamiento de una persona para dedicar su jornada laboral a mejorar el mundo en que vivimos en algún sentido.

La cooperativa Hortec es uno de estos ejemplos, y nos plantea un caso interesante de discusión. El producto de Hortec -reza su web- son las  “Frutas y verduras de cultivo ecológico”. Es una empresa que nació hace casi 20 años para agrupar a agricultores que se habían pasado al cultivo ecológico y que vendían sus productos a los propios socios y a militantes que creían sobretodo en los beneficios que suponía para el planeta comer sano, ecológico y local.

Con el tiempo, la agricultura ecológica se ha introducido en la sociedad -en la clase media alta- y a este nicho de neohippies se les han unido (o sustituido en los casos más puristas) personas que están más interesadas en primer lugar en comer sano y algo menos en el medio ambiente.

A diferencia de los primeros clientes este nuevo mercado antepone el diseño y estado de las piezas de fruta a su certificación, y la variedad durante todo el año a la estacionalidad que se le supone al cultivo ecológico. Empresas como Ecoveritas abren supermercados con productos ecológicos dirigidos a este segmento poblacional, y pequeñas cooperativas locales como La Civada de Sant Cugat vuelven a los orígenes que un día dieron la idea de Hortec y son el refugio de la segunda generación de neohippies puristas que no quieren entrar en el juego de los grandes mercados mayoristas tipo Mercabarna.

Qué camino debe escoger ahora Hortec? Por un lado debe decidir si se decanta por alguno de los dos clientes, el que piensa sobretodo en el planeta y el que piensa en él o ella misma. Este nuevo mercado le obliga a entrar en el juego de prescindir del producto de proximidad y estacional, aprovisionarse vía Mercabarna incurriendo también en costes energéticos de transporte.Y esta opción le obliga a competir con la exportación -que paga mejor- y con cadenas como Ecoveritas. La producción propia de Hortec cada vez será menor convirtiéndose en un mero distribuidor. Esta opción representa venderse al diablo.

Tal vez puedan pensar los miembros de la cooperativa (una voz, un voto) que la demanda que impulsó al creación de Hortec en su día está cubierta hoy por estos dos tipos de organizaciones (los supermercados y las cooperativas locales) y que su modelo no tiene ya sentido. En este caso lo más sensato sería morir.

Pero también puede buscar alternativas a ambas opciones sin traicionar sus principios. Comparado con el supermercado (como pasa con el comercio tradicional) Hortec dispone de un profundo conocimiento sobre las técnicas de cultivo ecológico y local que es uno de sus activos más importantes. Este conocimiento se gestiona en Hortec mediante la creación de la ADV

La ADV HORTEC se constituyó en 1993 como una sección de la cooperativa con el objetivo de dar asesoramiento y soporte técnico sobre protección de cultivos, fertilización, material vegetal y otras cuestiones agronómicas, a los socios de la cooperativa dentro del ámbito de la AE.

Dispone también de conocimientos en el proceso de distribución de fruta y verdura fresca (a diferencia de la de cámara) que puede interesar a las cooperativas locales para negociar sus excedentes. Estas pueden conservar su purismo local vendiendo los excedentes a través de Hortec.

Y finalmente existe un mercado no explotado todavía como son los comedores escolares que es el proyecto en el que Hortec está entrando (según su web).  Este mercado es -aunque sería lo deseable- difícilmente explotable por las cooperativas locales por las dificultades logísticas y administrativas, y no es asumible por las cadenas de supermercados que no entran en este terreno porque no deja margen suficiente.

Además, es una estrategia de futuro ya que los niños de hoy serán consumidores de mañana. Esta es la opción de reinventarse, que afortunadamente es la que parece que han tomado.

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Un test de Inversión emocional

Una familia se compró hace 13 años un piso en e centro de una población, ha liquidado la hipoteca y ahora lo puede por 5  veces más de lo que pagaron inicialmente. La familia ha crecido -aunque todavía cabe- y se plantean mejorar su calidad de vida. Se plantean diversas opciones:

a) Reformar la vivienda actual para acondicionarla mejor y comprar un pequeño piso para alquilar aprovechando los precios bajos de la vivienda y del crédito con lo que el alquiler va pagando la hipoteca y la reforma y se genera patrimonio para la vejez y/o los hijos.

b) Vender el piso actual y mudarse a una casa en urbanización cercana bien comunicada endeudándose más de lo que aconseja la prudencia en estos tiempos de incertidumbre pero ganando un jardín y pasando de 20 a 50 m2 por persona + jardín.

c) La misma opción b pero invitando a los padres de él -con los que se llevan bien y comparten casa en verano- a compartir los gastos de compra y el espacio, con lo que se mantienen los 20 m2 por persona y se asume una deuda razonable para la familia.

1. Qué opción escogeríais y por qué, o por qué no?

2. Conocéis algún método para valorar el retorno de la inversión que supone tener un abuelo/a en casa en términos de aprendizaje de convivencia y lo que significa para ellos compartir experiencias con sus nietos?

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De torres de marfil y modos de innovación

No recuerdo si fue vía Twitter  o GReader, pero por fortuna me llegó hace unos días  este interesante artículo de Björn Asheim publicado por la Revista Vasca de Economía EKONOMIAZ. De hecho todo el número dedicado a los Sistemas Regionales de Innovación es interesante y recomendable su lectura. El artículo en cuestión lleva por título La política regional de innovación de la próxima generación: cómo combinar los enfoques del impulso por la ciencia y por el usuario en los sistemas regionales de innovación.

El tema que aborda es el pan nuestro de cada día de los que nos dedicamos a esto de la innovación y el territorio. Cómo combinamos el modo de innovación basado en el conocimiento científico y tecnológico (STI) vinculado a centros de investigación, universidades y grandes empresas con el modo de innovación basado en la demanda y impulsado por el usuario DUI (Doing, Using, Interacting). Este segundo modo se basa en procesos informales de aprendizaje y en la experiencia, es menos organizado y planificado, es más común en la pyme que el primero y ha permitido al barbero de mi pueblo mantener su oficio y empleo durante tres generaciones.

Cuántos municipios y regiones han acogido un centro de investigación y/o tecnológico especializado en el primer modo (STI) con la esperanza de que revitalizase su maltrecha economía? Y cuántos casos conocéis en que el centro no se haya convertido en una torre de marfil sin participación del tejido empresarial y social del entorno?  El artículo que os he mencionado propone diferentes vías para que ambos modos de innovación se encuentren en algún punto dando sentido a un sistema local de innovación.

Interesante también es la distinción que hace -nada nuevo desde Aristóteles, también hay que decirlo- entre tres tipos de conocimiento: el analítico (basado en la ciencia), el sintético (basado en la ingeniería) y el simbólico (basado en el arte) y su relación con el territorio. El primero establece preferiblement redes de cooperación de larga distancia sin afectar al territorio local, mientras que el segundo y tercero tienen un mayor impacto local.

Cuántas veces nos empeñamos en identificar las disciplinas o tecnologías que se desarrollan en un territorio para conformar clusters, cuando lo interesante tal vez sería estudiar el tipo de conocimiento que se desarrolla (también en la educación local) y si éste se acopla a las necesidades del tejido empresarial y del mercado local?

Según comenta el artículo ambos modos de innovación se pueden vincular a los tres tipos de conocimiento. Tal vez si fuésemos capaces de desaprender que existe una innovación de primera división (STI) no apta para pymes y una de segunda división (DUI) que procede de ésta para pasar a organizarnos según los tres tipos de conocimiento conseguiríamos una mayor relación entre estas fantásticas torres de marfil y la pyme local.

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