Arxivat per a febrer, 2011

Me llamo Pere, soy hombre y concilio (o lo intento).

Cada domingo después del desayuno, mientras ventilo arreglo y limpio la casa suelo mirar el para mí sensacional programa Redes de TVE con Eduard Punset. Aunque algunas veces he discrepado sobre su contenido, lo considero uno de los puntales de la programación de esta cadena. Tal vez echo de menos algo de filosofía o humanidades, pero es un oasis entre la mediocridad de las televisiones actuales.

El capítulo de redes de esta semana versa sobre el envejecimiento de la población, y una de las soluciones que propone es facilitar la conciliación para que las familias puedan tener más hijos que nos paguen la pensión dentro de 20 años.  También apuestan por la formación a lo largo de la vida para que suplamos la falta de población con una mayor productividad y por la valorización de la población inmigrante.

Hoy quisiera hablar de la conciliación, y hacerlo como hombre. Y me gustaría saber si soy una persona rara o hay alguien más como yo. Me levanto pronto para limpiar la casa cada día con mi  mujer, preparar los tuppers del cole, desayunar con los niños, llevarlos al cole o recogerlos cuando salen (ella por las mañanas, yo por las tardes o viceversa), ayudarles con los deberes y/o hacer la compra, bañarlos, cenar con ellos y meterlos en la cama.

Conozco hombres que lo tienen muy claro, tanto en un sentido como en otro. Yo no. Por que todo esto no me sale sólo, no es innato. O no está en mis genes o no me han educado así, o ambas cosas. La solución sería delegar en mi mujer y si ella no quiere, en un canguro que nos sustituyese. Como hombre sé -o eso creo- que no siento como las madres, que no sufro igual que ellas por el día a día de los niños. Pero tampoco considero justo que con esa excusa ella cargue con la casa y con su trabajo. Superwomans no, gracias.

Muchas veces me planteo que podría progresar más en mi trabajo si me dedicase menos a la familia. Podría llegar un poco más tarde con los niños ya bañados. Podría dejar que alguien llevase o recogiese a los niños en el cole y yo quedarme en el trabajo hasta tarde. Podría pasar de construir una vivienda conjunta con los abuelos para que estén con sus nietos sabiendo que algún día nos tocará cargar con ellos por ser los que estemos más cercanos. Podría hacer muchos viajes y pasar muchas noches fuera, en hoteles sin niños que piden agua. Podría cursar un MBA intensivo durante todo un año sin tiempo para la familia. Podría tener una moto y escaparme los fines de semana. E incluso ser emprendedor, ahora que está de moda, y montar una empresa -esto no es difícil- y que creciese. Y muchas otras cosas que se me ocurren.

Y es una lucha diaria, os lo aseguro, una lucha contra mi instinto primario de competición, de ser más que el de al lado, de trepar profesionalmente, de que me reconozcan por el trabajo. Por que por la conciliación os aseguro que nadie me va a reconocer lo poco que pueda hacer.

Por eso escribo hoy este post. Para preguntar si hay algún hombre más ahí fuera que esté pasando por este proceso de crianza. Mucha web  de crianza natural, mucho estudio de conciliación de la mujer y el trabajo, mucha ayuda para guardería, pero no he visto a nadie que reconozca la labor que estamos haciendo algunos padres. Y no me quiero poner medallas, la medalla es para las mujeres que nos están transformando (la mía, la mejor de todas), sino alzar una voz por aquellos que creemos que la familia es cosa de dos, y que si queremos tener pensiones no se trata de ayudar a la mujer a que concilie sino de que la conciliación, como la familia, sea cosa de, como mínimo, dos.

Y por eso pido hoy a las instituciones y a la administración que sustituyan los ya caducos premios a la persona emprendedora por un premio a la Responsabilidad Social Familiar.

Busquemos ejemplos de empresas y administraciones que realmente favorezcan la conciliación, no sólo de boquilla. Por ejemplo permitiendo que las familias que decidan quedarse en casa con sus hijos hasta los tres años no estén discriminadas respecto a las que llevan a los niños a las guarderías (con ayudas públicas para guarderías).  Que los padres/madres podamos ir a las reuniones de colegio sin sentirnos culpables, como podemos ir al médico. Y que si un día una hija está enferma nos podamos quedar en casa con ella.

Desde mi punto de vista se llama “sociedad de la compasión”. Desde un punto de vista estrictamente economicista se trata de conseguir que dentro de 20 años tengamos todavía algo en la caja de las pensiones.

Nota. La imagen es de Forges, no sé exactamente dónde la he encontrado, pero espero que esté de acuerdo en que la utilice para este fin, y si no ya la borraré.

 

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Por un bachillerato modalidad de innovación

La innovación está ya pasada de moda, o mejor dicho, murió ya en el 2008 por abuso del término, que no de la práctica. Hemos pasado de la primera edición del manual de Oslo a la gestión de la innovación (finales de los 90) a la innovación estratégica, pasando por la innovación social, la innovación regional, la innovación 2.0, la innovación minúscula de la I+D+i (una innovación mundial, sin duda), las ciudades y regiones innovadoras, el silicon vallès (aix!!!), innovación en la educación, la innovación abierta de Henry Chesbrough, la innovación en management de Gary Hamel, y muchas otras que me dejo en el tintero. Y la palabra emprendimiento, recientemente aceptado por la RAE, va por el mismo camino.

Sin embargo, los indicadores en innovación son tozudos y seguimos sin levantar cabeza. No hay manera de conseguir que las organizaciones se decidan a innovar de manera sistemática y que la nuestra sea una economía innovadora. Y llegamos al punto filipino. Dónde se aprende esto de la innovación. Es cierto, las competencias en innovación y emprendimiento están de moda pero ¿alguien de verdad sabe cómo se enseñan?

¿Tal vez en un ciclo formativo de FP? ¿O en la universidad? ¿O mejor iniciarse en primaria? ¿O en la P2P University, o en Facebook? ¿Dónde puedo encontrar un buen innovador para mi empresa? ¿Qué perfil debe tener? Con lo fácil que es encontrar un contable, o una directora de márketing! Si la creatividad, la innovación y el emprendimiento se postulan  como motor de la economía del conocimiento (de la información, mejor) y no sabemos cómo enseñarlo ni dónde aprenderlo, lo tenemos crudo.

En Catalunya tenemos cuatro modalidades de Bachillerato: humanidades y ciencias sociales; ciencias de la naturaleza y de la salud; artes; tecnología. Cada una de ellas ya encamina al estudiante hacia una profesionalización. ¿Pero qué pasa si esta persona quiere ser un hibridador -con permiso de Alfons Cornella y Antoni Flores-? Acaso la creatividad de la música, la belleza de las matemáticas, la ecología, la psicología, la tecnología, los modelos de negocio y la evolución de la sociedad no forman parte de las competencias de una persona innovadora/emprendedora?

Propongo impulsar un bachillerato bajo esta modalidad: creatividad + emprendimiento + innovación, que se nutra de asignaturas de las otras modalidades con algunas específicas como gestión de la innovación o de proyectos, y que se base en aprendizaje “learning by doing” y en formato blended. Por qué no?

La imagen es de http://bit.ly/enHsqi

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